Vista parcial de Cáceres desde el Cerro de la Butrera

El edificio que se ve es el colegio «El Madruelo».
EL MADRUELO
En la toponimia de los pueblos hay nombres que, con solo pronunciarlos, relacionan los espacios con el pasado inmediato de sus gentes. Nombrar “El Madruelo”, en Cáceres, es hacerlo sobre una desaparecida escuela pública y sobre el mismo arrabal cacereño, esa parte del paisaje urbano local que durante siglos ha sido el lugar de acomodo de las clases populares. Caleros, hortelanos, zapateros, curtidores, lavanderas o albañiles fueron habitantes de un cinturón jornalero y artesano que desde el siglo XIV dio forma y contenidos a maneras de entender el día a día, con sus ritos y con sus desafíos. En el arrabal artesano la presencia del conocimiento reglado era efímero. No existía ninguna escuela pública para niños que, en su mayor parte, tenían que atender otras tareas necesarias para la supervivencia, lo cual les negaba oportunidades formativas.
El nacimiento de una escuela en el barrio de Las Tenerías se fragua durante los años de la II República, años donde la lucha contra el analfabetismo se convierte en un reto para las nuevas autoridades. En Cáceres se proyectan diferentes centros educativos como el colegio Pablo Iglesias, la nueva Escuela Normal de Maestros, escuelas unitarias en Aldea Moret y en la estación Arroyo-Malpartida y una escuela en las Tenerías que había de llevar el nombre de Marcelino Domingo, ministro de Instrucción Pública del gobierno republicano.
El nuevo colegio de las Tenerías, con capacidad para 450 alumnos, estaba acabado y amueblado antes de julio de 1936, pero la nueva situación bélica obliga a utilizarlo en otros menesteres, como sede de la Jefatura Provincial de Milicias de la Falange hasta 1940 o comedor de Auxilio Social instalado en los bajos del edificio. No será hasta el curso 1941/42 cuando se abra el nuevo colegio con el nombre de Nuestra Señora de Guadalupe, aunque para los lugareños siempre fue El Madruelo.
La escuela del Madruelo estaba situada junto a la Ribera del Marco, en el solar de una antigua propiedad de la familia Maderuelo, de donde derivó el toponímico de Madruelo para designar a ese lugar. Hasta los años 90 del pasado siglo en que cierra el colegio, fueron miles los niños y niñas de las Tenerías y zonas aledañas que pasaron por una escuela donde obtenían los conocimientos básicos para enfrentarse al futuro. Conocimientos insuficientes que se remataban con un precoz abandono escolar que será una constante entre un alumnado de origen humilde.
Junto a la huerta de Pedro Hurtado “periquene”, la “universidad popular” del Madruelo fue el referente educativo de una parte de la población. Un lugar donde buenos maestros/as trataron de luchar contra el analfabetismo y la ignorancia.
Fernando Jiménez Berrocal
AUTOR: Autor desconocido
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