D. Jesús Domínguez Gómez, obispo de Coria-Cáceres
D. Jesús Domínguez Gómez (Pilas, Sevilla, 25 de septiembre de 1931 – Cáceres, 26 de octubre de 1990) fue obispo de la diócesis de Coria-Cáceres entre 1977 y 1990, un periodo en el que se ganó el recuerdo de muchos cacereños por su trato cercano, su actividad constante y su profunda devoción al Cristo Negro.
Formación y primeros años de ministerio
Tras su formación en el seminario, fue ordenado sacerdote el 18 de diciembre de 1954. Desarrolló su labor pastoral en la archidiócesis de Sevilla, donde asumió distintas responsabilidades, entre ellas la de vicario episcopal, antes de ser llamado al episcopado.
Nombramiento y llegada a Cáceres (1977)
Fue nombrado obispo el 16 de marzo de 1977 y consagrado el 24 de septiembre de 1977. En aquellos primeros meses ya aparece vinculado a celebraciones muy queridas en la ciudad, como su primera misa ante la Virgen de la Montaña, momento especialmente recordado por quienes vivieron su llegada a la diócesis.
Un pastor cercano y con responsabilidades más amplias
Durante su etapa al frente de Coria-Cáceres, se le recuerda como un obispo cercano y activo, muy presente en la vida diocesana. Además, asumió en distintos periodos la tarea de Administrador Apostólico en las diócesis de Badajoz y Plasencia, y dentro de la Conferencia Episcopal Española trabajó en áreas como Pastoral, Clero y Apostolado Seglar.
Devoción al Cristo Negro y sepultura en Santa María
Su vínculo con la Hermandad del Cristo Negro fue especialmente intenso. En 1990, año del 500 aniversario de la creación de la Hermandad (1490–1990), su salud empeoró gravemente: fue operado de urgencia en Sevilla y, tras ser ingresado en Cáceres, falleció el 26 de octubre de 1990.
Por la devoción que profesaba al Santo Crucifijo, dejó dispuesto que su sepultura estuviera en la Capilla del Cristo Negro, en la Concatedral de Santa María, “para que cada vez que el Cristo sea bajado toque su tumba”, buscando permanecer simbólicamente unido a la imagen que tanto veneró.
El Cabildo de la Hermandad acordó nombrarlo Hermano de Honor y Perpetuo, y ese reconocimiento se proclamó públicamente en sus exequias, quedando constancia mediante un documento depositado junto a él en su enterramiento.