Las mañanas dominicales en la plaza Mayor de Cáceres: el Capitán Trueno en 'La Bandeja', paseos, aperitivos, pasteles…

La Plaza Mayor de Cáceres, con su icónica «bandeja» destruida en 1970, albergó un quiosco de cómics y cromos, escenario de juegos y encuentros dominicales para la infancia cacereña
La histórica “bandeja” o jardín central de la Plaza Mayor se conformaba como uno de los iconos de la ciudad. Enclavada en el corazón cacereño, con una artística estructura que le imprimía de singular belleza, entre palmerasy los azulejos de cerámica portuguesa, colocados en mil novecientos cuarenta, en tiempos Narciso Maderal Vaquero como alcalde, der econocimiento investigador de Pilar Bacas Leal, se remataba con una serie de sombras y bancos, que servía para el descanso ciudadano.
Un espacio central de la Plaza, tan bien acogidopor todos, que, lamentablemente, pasó a ser historia, tras un polémico y discutido debate ciudadano cuando la “bandeja” fue destruida por la agresividad de la maquinaria en menos que canta un gallo, en mil novecientos setenta, dejando atrás una ingente cantidad de recuerdos en la historia de Cáceres.
Los domingos, cuando sonaban las campanadas de las nueve de la mañana, dejando atrás el desayuno de churros o rebanadas de pan tostado con mantequilla, y café con leche, ya se formaba la colade la muchachada, impaciente, a la espera de la apertura del quiosco que regentaba el señor Cruz, persona de sonrisa franca y atento, ubicado en el centro de la “bandeja”, enfrente de las escaleras que dan acceso al Arco de la Estrella, y hacerse con los últimos números de las aventuras semanales que protagonizaban una serie de héroes que arrasaban el mundo del cómic. Con preferencia en aquellos tiempospor el seguimiento de los episodios Del aguerrido Capitán Trueno, ejemplo de caballero cristiano y luchador en tiempos medievales, acompañado del forzudo Goliath y de Críspín.
Otros muchachos, que disponían de menos fondos, procedían a alquilar los cuadernillos aventureros, para su lectura allí mismo, en los bancos de la Plaza Mayor, que albergaban en amplias carpetas sus dueños, como eran Serradilla y Gundín, con la colección de un montón de ejemplares y protagonismo de otros personajes “históricos” como Roberto Alcázar y Pedrín, El Cachorro, El Jabato, en el Imperio Romano y con un guerrero íbero como protagonista, El Cosaco Verde, Hazañas Bélicas, El Guerrero del Antifaz, argumentadaen los tiempos finales de la Reconquista,abonando una perra gorda, 10 céntimos.
Según avanzaban las agujas del reloj la “bandeja” se encontraba sitiada por la muchachada cacereña en ese afán entusiastapor las aventuras. Un Mercado matinal de “compro, cambio, alquilo y vendo”, que queda en el recorrido por las campas “De aquel Cáceres”.
Cromos de futbolistas y recortables
Así mismo en el quiosco de Cruz se adquirían sobres con cromos de los futbolistas de primera división, cuandolos grandes equipos de todos los críos y mayores, se repartíaentre el Real Madrid, el Fútbol Club Barcelona y el Atlético de Bilbao, cuyas alineaciones recitábamos de memoria (Real Madrid: Alonso, Marquitos, Santamaría, Lesmes, Muñoz, Zárraga, Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento), mientras pegábamos los cromos en el álbumde nuestros amores, queun día, sin darnos cuenta, se quedaríaatrásy hasta perdidoen la memoria del crecimiento.
También, con frecuencia y en ocasiones con ímpetu y vehemencia, los muchachuelos cacereños se jugaban los cromos de los futbolistas a pares y nones. En el quiosco, igualmente, se vendíanrecortables con soldados de ejércitos del mundoque pegábamos con la parte baja sobre cartoncillos, como se demandaban recortables con vestidos de muñecas, igual que se vendían y cambiaban novelas, del oeste, de Marcial Lafuente Estefanía, de amor y otros, Corín Tellado, o de Zane Grey.
Los bancos de la “bandeja”
Aquellos bancos ubicados en la “bandeja”de la Plaza Mayor,encontraban dos tipos de ciudadanos bien diferentes. Por la mañana y primera hora de la tarde, los unos, leyendo el periódico, pensando en las Batuecas o sacando partido de conversación a lo que se pusiera ante sus ojos; y otros, que, en la semioscuridad de la tarde, aprovechando la escasa luz,pelaban la pavaen un lugar estratégico, con besos robados entre las sombras de la noche, bajo el encanto de las palmeras en los bancos de sabor y saber histórico. ¡Ay si hablaran los bancos de esas aventuras con las historias de amor y otros…!
Los “puestos de chucherías”
El aroma del Jardín Central de la Plaza Mayor se repetía de domingo en domingo con la diana del despertador, la inquietud de los pequeños y no tan pequeños, con una ilusionada legión de muchachos a la espera de arreglarse y encaminarse, con fríos y caloreshasta aquel rastrillo aventurero.
Paulatinamente, coincidiendo con el inicio de la jornada aventurera en la “bandeja” (que muchos denominaban “bandejina”), bajo los soportales del Portal Llano, se iban colocandouna serie de puestos con carrillos ambulantes ofertando bolsas de pipas, chicles “Bazoka”, regaliz, cacahuetespirulís, cigarrillos de chocolate, confituras de anís,paladuz, una raíz de dulce sabor, y otros…
La Gabina estaba considerada por la mayoría de los cacereños como la pipera más conocida popularmente, por su gancho atractivo con la chiquillería. Eso en la Plaza Mayor, mientras por la parte de Cánovas, despuntaba la Quica.
Los limpiabotas
Igualmente, en ese inicio de la mañana de domingo, Pintores abajo, se deslizaba un puñado de limpiabotas gitanos, como la Jaca Peralta, pelo rabiosamente negro, moreno de verde luna, alto, desgarbado, a quien todos conocíamos por tal apodo, por su defecto en ambas piernas, de tal forma que al andar levantaba las mismas tal cual hacían las jacas del rejoneador Angel Peralta.
Los gitanos llegaban en largas caminatas desde lejanas barriadas, con sus cajas de madera bajo el brazo, colocándose ante las columnas de los soportales, sobre las que se apoyaba el cliente, con el pie encima de la caja del “limpia”, en una plataforma de zapato, con todo el instrumental preciso, las cajas de betún, los cepillospara eliminar la suciedad inicial y apurar el brillo final, la gamuza sobre el brillo del calzado y hasta unos naipes de baraja, que colocaban cuidadosamente a ambos lados de los calcetines, al inicio de la operación, por la parte exterior, y evitar algunamancha.
Aquellos limpiabotas gitanos eran hábiles y hasta malabaristas con el cepillo, que se cambiaban de mano en mano, entre piruetas y alguna palmada al medio, y también hábiles paraconseguir una clientela fija, mientras, tras recibir la remuneración de su soldada, añadían:
-Y una propina, señó, que tengo trechurumbele…
Camino del aperitivo dominical
Hacia la una de la tarde, más o menos, bajaban por las escaleras del Arco de la Estrella, la mayoría de los fieles que habían asistido a la misa en la iglesia de Santa María, encontrándose en el inicio de la bajada,con un descendientedel general Margallo, que presta su nombre a la antigua calle Moros, por una gesta heroica que le costó la vida. Al familiar del militar le faltaba una pierna, se sostenía con dos muletas y mientras esperaba unalimosna, sobre la palma de la mano izquierda, que se dejaría en la taberna “La Catalana”, canturreaba con voz áspera y medio afónica: “La Virgen del Carmen tiene/un letrero que dice:/Socorre a los desgraciados”.
A esa hora la Plaza Mayor, en los soportalesy en la zona paralela, se registraba un bullicio de paisanos vestidos elegantemente de domingo, trajes, colonias, vestidos nuevos, sobre todo en las jóvenes, peinados de peluquería, y otras novedades, camino del encuentro con familiares yamigos. Bien para pasear arriba y abajo o abajo y arriba, o tomar un aperitivo por los bares de las cercanías, “El Sanatorio”, con su quirófano y otras dependencias, “Rialto”, de gran cocina, “Gironés” o “El Norte”. Cervezas, refrescos, claras, vermús, con una tapa de torreznos, prueba de cerdo, raciones de gambas al ajillo, calamares, migas, para regresar a casa, como marcaba una creciente tradición, con bandejas y pasteles de crema, bambas, merengues, bizcochos de limón, roscas de málaga, procedentes de Isa, o “La Salmantina”.
Partidas de futbolín y billar
Otra variedad de la mañana dominicalen la Plaza Mayor se basaba en apasionadas partidas de futbolín, otras de billar, y los primeros jóvenes enganchados a las máquinas del salón de juegos recreativos, recién abierto en los soportales, entre fuertes golpes que emergían de los contendientes del futbolín, como si les fuera la vida en aquellos encuentros, con los jugadores debillar envueltos en su aire pensativo y meditaciones casi de monjes de clausura, a la espera de la jugada del rival sobre el verde tapete, mientras impregnaba de tiza azul a la punta del taco. También, algunas partidas de ping-pong.
El rumor ciudadano
La Plaza Mayor y la calle Pintoresse transformaban en un escenario festivo, con un rumor y un vaho ciudadano, en conversaciones y chácharas sobre los modelos de ropa, chascarrillos municipales, la marcha del Club Deportivo Cacereño, hacer planespara la tarde, contemplar la cartelera que anunciaba las películas de las sesiones cinematográficas en una pizarra, al principio de Pintores, curiosear las octavillas que se repartíancon las proyecciones en sesiones vespertinas en los cines “Norba”, “Coliseum”, “Capitol”, “Gran Teatro” y “Astoria”, aunque algunos pequeñuelos ya trotaban para comer rápido porque a las tres y media de la tarde se ponía en marcha la función de cine en el Palacio del Obispo.
Las salas cinematográficas ofrecían a primera hora de la tarde sesiones infantiles con películas del oeste americano, entre los aplausos del público cuando, tras muchos apuros, ganaban los buenos del Séptimo de Caballería a los siempre peleones y traidores indios, como “Sitting Bull”, españoladas, como “Mi tío Jacinto”, de precoces estrellas infantiles de la época, con Marisol o Joselito. A eso de las siete de la tarde se daba paso a películas para mayores, entonces de dieciocho años, con escenas picantes, y donde algunas parejas, más allá del argumento de la película, se ubicaban en las últimas filas al calor de sus pasiones amorosas.
Nuestra “bandeja”
Una siempre atractiva y artística “bandeja” que se adornaba con palmeras, acacias y otros árboles, espacio muy utilizado por muchos cacereños que se convirtió en un lugar preeminente.
Un jardín alzado con esmeroartísticoy decorativo, una referencia en la simbología del Cáceres de entonces, tal cual se representaba para nosotros, y que un día, de la noche a la mañana, en 1970, porque las cosas son así, en una muy polémica determinación del alcalde de la ciudad, con un encendido debate ciudadano, desapareció bajo el mandato municipal y la fuerza arrasadora de la piqueta y de la excavadora.
Juan de la Cruz
Juan de la Cruz Gutiérrez Gómez es un periodista y escritor, con una destacada trayectoria en TVE y una intensa labor como divulgador de la historia y la memoria de la ciudad. Su figura ocupa un lugar relevante en Fotos Antiguas de Cáceres por su aportación al patrimonio cultural y periodístico cacereño.


