Indalecio González Ollero

Indalecio González Ollero, referente de la Formación Profesional en Cáceres
Nace en Cáceres en julio de 1942. Hijo de Luis González Blanco, funcionario del Ayuntamiento de Cáceres, y de Julia Ollero Yanguas, Indalecio González Ollero fue una figura clave en la historia educativa de la ciudad. Director de la Escuela de Maestría Industrial y coordinador provincial de Formación Profesional, fue un responsable educativo admirado y profundamente respetado en Cáceres.
Infancia y formación
Luis González y Julia Ollero residían en la calle Santa Apolonia, muy cerca del Requeté. Tuvieron tres hijos: Esperanza, Dionisio e Indalecio, que fue bautizado en la iglesia de San Juan. Indalecio creció en una casa amplia y luminosa, con balconcito y alcobas, a pocos pasos del colegio Paideuterion, donde cursó sus primeras enseñanzas antes de ingresar en la Escuela de Maestría.
Posteriormente se trasladó a Madrid y más tarde a Béjar, ciudad en la que concluyó su carrera de Perito Industrial, iniciando así una sólida trayectoria académica y profesional.
Historia de amor con María Sánchez Hurtado
Fue en Béjar donde María Sánchez Hurtado vio por primera vez a Indalecio, sentado con varios amigos alrededor de una pequeña radio escuchando un partido de fútbol, una de sus grandes pasiones. Aquel primer encuentro marcaría el inicio de una historia que uniría para siempre a ambas familias.
María era hija de Pedro Sánchez Galán y Manuela Hurtado Bravo, y hermana de Eusebio y Antonio. La familia Sánchez Hurtado, vinculada a sagas muy conocidas en Cáceres como los Pájaros y los Periquenes, vivió en distintos puntos de la ciudad, desde la calle Trujillo hasta Puente Vadillo, donde María recibió durante años las cartas de Indalecio, que entonces estudiaba fuera.
Tras más de seis años de noviazgo, Indalecio y María contrajeron matrimonio el martes 25 de julio, a las doce y media del mediodía, coincidiendo con el cumpleaños de él, en la iglesia de Santiago. Desde ese día, María pasó a ser para siempre “Mévilin”, el nombre cariñoso con el que Indalecio la llamó toda su vida.
Vida familiar
El matrimonio celebró su boda en El Mercantil y disfrutó de un mes de luna de miel recorriendo Málaga, Granada y Córdoba, antes de regresar a Cáceres. Se instalaron en un piso de la calle Mira al Río, donde nacieron sus dos hijas:
- María de la Montaña, casada con Siso y madre de Elena y Celia.
- Susana, casada con Santi y madre de Álvaro.
Trayectoria profesional y educativa
Finalizados sus estudios, Indalecio comenzó a trabajar en la Escuela de Maestría Industrial, situada en la calle Gómez Becerra, en un edificio proyectado en 1940 y remodelado en 1954 por los arquitectos Francisco Calvo Traspaderme y Ángel Pérez Rodríguez. El centro abrió sus puertas en septiembre de 1957 y acabaría adoptando el nombre de Javier García Téllez, impulsor decisivo de la Formación Profesional en Cáceres.
Indalecio inició allí una dilatada trayectoria, primero como secretario y más tarde como director. Fue nombrado coordinador provincial de Formación Profesional tras la concesión a Cáceres de un Politécnico, una noticia que recibió con enorme entusiasmo. Bajo su coordinación se pusieron en marcha 13 centros de FP en la provincia, en localidades como Trujillo, Navalmoral de la Mata, Coria, Montánchez, Hoyos, Guadalupe o Valencia de Alcántara.
Reconocimiento humano y profesional
Indalecio González Ollero fue una persona muy querida en Cáceres. Sembró amistad, compañerismo y compromiso educativo junto a nombres como Ricardo Galán, Margarita Recio, Eloy, Miguel Ángel, el maestro Gijón o Luis Gutiérrez, y mantuvo una estrecha relación con amigos que siempre estuvieron a su lado, especialmente durante su enfermedad.
Además, fue profesor del Instituto El Brocense, de Magisterio, decano del Colegio de Peritos e Ingenieros Técnicos de Cáceres y presidente de la UAITIE (Unión de Asociaciones de Ingenieros Técnicos Industriales de España), recorriendo constantemente la carretera por motivos profesionales.
El adiós
Tras insistir en acudir a un claustro y consejo en Madrid, su salud empeoró gravemente. Falleció el 4 de mayo de 2004, a los 61 años, después de poco más de veinte días de enfermedad. Desde entonces, Mévilin, aquella joven de tirabuzones que un día lo vio junto a una radio, se preguntó cómo continuar la vida sin él.


