Fito Romero con su esposa Toñi Camacho

Adolfo Romero Ruiz, 1936-2010, fue tan artista como sus hermanos Enrique y Gabriel. Artista de delicada finura, dibujante genial, que llenaba las paredes de casas y rincones de Cáceres con el latido vibrante, sencillo, firme, pero de pulso intelectual y decidido, con sus elegantes trazos.
Buena gente, compañero, como se suele decir en el Cáceres de siempre, con el corazón en la mano, tan vitalista como ambos dos, Enrique y Gabriel, cacereñeador de siempre y de altura, de sencillez urbana en el ámbito de la sociedad y de la ciudadanía, por cuyos ramales se abría como se abren las calles y las plazoletas.
Tal cual las fueron abriendo. Y tal cual se les fueron abriendo.
Adolfo Romero Ruiz, el gran Fito, que tuvo de profesor a uno de los más brillantes pintores de la escuela extremeña, Juan Caldera, allá en la Escuela de Artes y Oficios, aunque se cansó pronto del carboncillo, vivía la pasión de y por la pintura con la esencia que emanaba de su sensibilidad. Y que de pequeño se esmeraba, sobre todo, con sus dibujos preferidos y que eran los de Walt Disney y de Tarzán.
Un pintor de gran altura y que se volcó en sus más que notorias cualidades. Y , como se podrá apreciar, de estilo bordeado, con delicadeza, sobre un realismo y figurativisimo integrando su particular visión y capacidad creativa.
Esa tipología, propia de un intelectual, le distinguió de siempre. Una de las claves en las que basó, de siempre, su entrega y su sensibilidad intelectual alrededor de su pintura. regando su particular visión de la misma con esa plasticidad serena y luminosa que luce en los lienzos que salen de su obra. Fue el director de la rondalla del Grupo de Coros y Danzas de la Sección Femenina, en aquel grupo con Pepi Suárez, Leocadio Bernáldez, Concepción Gutiérrez, Luis Miguel Luengo, Ana María Sevilla, Fernando Mateos, Vidal Sánchez Corrochano, Luis Arroyo, Mamen Bordallo, y tantos, y un servidor…
Persona de gran versatilidad, de fino humor, siempre con la sonrisa en la boca, con la atención con todos, como buen cacereñador.
Un día, camino de Portugal, para actuar, si no me equivoco en Viana do Castelo, me dijo en la frontera:
— Guti: ¿A que no hay lo que hay que tener para que los guardias portugueses te traduzcan un piropo al portugués y lo sueltes en la actuación?
Fito se había olvidado de la historia. Guti, o sea yo, hablé con el guardia da fronteira. Cuando la actuación, en la plaza portuguesa, y durante la interpretación de la Jota del Candil, típica de la localidad cacereña de Alcuéscar, en la que se detiene la música durante su interpretación y los mozos lanzan piropos a las chicas, dije al llegar a mi turno:
Eres como o piñeiro,
que ensima ten a copa,
eres como o rebosado,
que se desfá na boca.
(Eres como el pino verde que arriba tiene la copa, eres como el caramelo que se deshace en la boca).
Los espectadores lusos se partían de risa. Pienso, ahora, tras algunos años del mismo, que más por el chapuceo de mi portugués que por el contenido del piropo. Y, mientras Fito, mi querido Fito, siempre con sus gafas oscuras, pespunteaba las cuerdas de la bandurria tronchado, literalmente hablando, de risa.
Juan de la Cruz
AUTOR: Juan Guerrero
Juan Guerrero, más conocido como Juanito, fue uno de los fotógrafos más emblemáticos de la prensa cacereña y un cronista incansable de la vida en la ciudad durante casi seis décadas.
La obra de Juan Guerrero es una pieza fundamental para entender la historia visual de nuestra ciudad, y es un honor poder compartir su legado en este espacio, donde permanecerá vivo y accesible para siempre.


