Refugio Santo Vito






Una de las obras más singulares de Ángel Pérez en Cáceres fue esta insólita construcción conocida como El refugio de Santo Vito, diseñada por Ángel Pérez en 1934. La idea partió de Antonio Canales, alcalde de la II República, que tendría como objetivo paliar la presencia de personas sin hogar en la ciudad, hasta entonces acogidas en la cercana ermita de Santo Vito. Aunque conocemos un proyecto previo de 1908 firmado por Emilio Mª Rodríguez dedicado a idéntico fin, quizá nunca se materializó en la ciudad un espacio convenientemente habilitado para ello.
Este edificio de función asistencial llama la atención, no sólo en el contexto cacereño, sino en el nacional,tanto por el material, hormigón, como por la singularidad de sus volúmenes. Cuenta con unas dimensiones reducidas y una planta experimental, de inspiración organicista: un semicírculo con bóveda de cañón que genera un espacio central a modo de patio. Las dependencias contaban con áreas diferenciadas para hombres, mujeres, matrimonios y casa del guarda; en el centro se situaría la cocina, cubierta con una bóveda que se remataba por una pequeña chimenea. Sin duda se trata de una de las joyas Pérez, donde plasmó los principios del racionalismo más puro, en la línea de los arquitectos más experimentales del momento.
Afortunadamente ha llegado hasta nuestros días, tras diversas rehabilitaciones, en un buen estado de conservación. El último uso concedido ha sido el cultural.
Ayuntamiento de Cáceres
El Refugio. Historia y memoria de un edificio singular en Cáceres
“El Refugio” es un edificio emblemático situado en el barrio de San Blas de Cáceres, cuya historia condensa un testimonio valioso de la evolución urbana y social de la ciudad a lo largo del siglo XX.
Orígenes y función social
Construido en la década de 1930 por iniciativa municipal —y con la participación del arquitecto local Ángel Pérez— El Refugio nació como un espacio de acogida para transeúntes y personas necesitadas. Su diseño se estructuraba en varias zonas separadas para hombres, mujeres, matrimonios y el guarda, además de contar con una cocina común, con el fin de ofrecer cobijo y alimentos a quienes se encontraban en situación de abandono o precariedad, una realidad evidente en aquellos años previos a la Guerra Civil Española.
El barrio de El Refugio
Alrededor de este edificio se desarrolló, a partir de 1950, una pequeña zona residencial que incluía calles como San Luis, Santo Tomás, San Ramón, San Nicolás y Santo Vito, junto a la Avenida de San Blas y la Ronda del Matadero. Esta área formó parte del crecimiento urbano de San Blas y fue testigo de profundas transformaciones a lo largo de los años.
Del pasado al presente
A finales de los años 90, la mayor parte de las viviendas originales se derribaron, quedando en pie únicamente El Refugio y la Ermita de Santo Vito, que aún espera su restauración. Más adelante, en el nuevo desarrollo urbano del barrio, se levantó un conjunto residencial y un parque que conserva el nombre histórico de la zona: Parque “El Refugio”. El edificio fue rehabilitado y hoy forma parte de este espacio integrado en la vida comunitaria del barrio.
Un patrimonio con memoria
Hoy El Refugio no solo es un vestigio arquitectónico del Cáceres de mediados del siglo XX, sino también un símbolo del compromiso social y de las transformaciones urbanas que han marcado la historia de la ciudad. La conservación de su estructura y su presencia en el paisaje urbano permiten recordar el contexto de necesidades, crecimiento y cambio que vivió la comunidad cacereña en el último siglo.
El Refugio
El edificio del Refugio, ubicado en el cerro de Santo Vito, cercano a la iglesia de San Blas, es quizás una de las construcciones más peculiares de cuantas podemos encontrar entre el variado caserío local. Sus formas, materiales y fines, le han convertido en un excelente ejemplo de arquitectura diferente. Nació en plena II República cuando el entonces alcalde, Antonio Canales, insta al Ayuntamiento a construir un refugio para aquellas personas a las que «la miseria empuja por los caminos del mundo», debido a la gran cantidad de desheredados que, ante la falta de techo, buscaban cobijo en atrios de ermitas o en la misma calle, al raso.
En 1908 ya se había presentado un proyecto para construir una «casa refugio» que diese albergue a las familias que “sin otro arbitrio que la limosna” se desplazaban de ciudad en ciudad. En ese momento el único lugar donde podían ampararse los pobres era la abandonada ermita de Santo Vito, próxima al nuevo matadero municipal que se estaba construyendo.
Este proyecto de 1908 no llega a cuajar, aunque se llegan a realizar los planos del nuevo edificio por el arquitecto Emilio Mª Rodríguez, que valora la obra en 12.000 pesetas a pagar por la Diputación Provincial, los centros de recreo de la ciudad, la caridad particular y el Ayuntamiento. Al final no se realiza inversión alguna y el proyecto pasa a mejor vida.
Habrá que esperar hasta 1934 para que, por fin, la ciudad pudiese ofrecer a los mendigostranseúntes, a veces familias enteras, un lugar para poder pernoctar durante los días que estuviesen en Cáceres. Este nuevo albergue, de planta semicircular y techo abovedado, diseñado por el arquitecto municipal Ángel Pérez, y construido a lo largo del año 1934, con un presupuesto de ejecución de 15.696 pesetas pagadas íntegramente por el ayuntamiento, venía a compensar las carencias que los indigentes tenían desde siempre en lo relativo a ofrecerles un lugar «sencillo, higiénico y amplio».
El nuevo albergue o refugio, tenía una cocina común y sus estancias se dividían en cuatro apartados; uno para hombres, otro para mujeres, otro para matrimonios y un espacio donde vivía el guarda del edificio. De esta manera se trataba de poner fin a la penosa situación de familias enteras, ofreciendo la triste imagen del abandono y la desidia social que perseguía a
los que no tenían nada.
Con el paso de los años, el refugio dejaría de prestar sus funciones y pasó a ser una vivienda más del barrio que se construiría en sus inmediaciones, donde vivieron familias humildes, hasta su desaparición en los años noventa del pasado siglo. Desde entonces, una vez rehabilitado, el viejo e inconfundible refugio sigue cerrado, sin función que lo recupere como espacio para la vida local.
© Fernando Jiménez Berrocal
Publicado 4/10/2017
AUTOR: Autor desconocido
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