La publicación de esta vista antigua de la Plaza Mayor ha abierto una pequeña ventana a la memoria de muchos cacereños. En los comentarios se repite una idea: “antes la plaza tenía vida”, especialmente los domingos por la mañana, cuando para algunos era el lugar perfecto para cambiar cromos (de fútbol o de naturaleza) y perderse entre tebeos y lecturas de entonces: Roberto Alcázar, Capitán Trueno, El Jabato… y, para los más mayores, las novelas del Oeste de Marcial Lafuente Estefanía.
Otros recuerdan con especial cariño el aspecto de la plaza: el jardín, la sombra, los bancos, el empedrado “tan bonito” y, cómo no, el templete de la Diosa Ceres, que tantos años presidió el paseo. También hay quien se fija en un detalle muy concreto: la farola que aparece en la imagen, comparándola con las que se han restaurado en el paseo de Cánovas, un guiño bonito a cómo ciertos elementos siguen conectando épocas.
En conjunto, los comentarios dejan una sensación clara: esta foto no solo muestra un lugar, sino una forma de vivir la plaza—más de encuentro, de paseo y de costumbre—que muchos todavía añoran.




