En esta fotografía aparecen los miembros del Cabildo de la Hermandad del Cristo Negro esperando en su capilla la llegada del féretro de D. Jesús Domínguez Gómez, obispo de Coria-Cáceres (1977–1990). Su presencia no era solo un acompañamiento: estaban allí para cumplir su misión y su última voluntad, bajarlo hasta su sepultura y dejarlo enterrado a los pies del Cristo Negro, en la Concatedral de Santa María.
El obispo, profundamente devoto del Santo Crucifijo, quiso descansar en esa misma capilla, vinculando su tumba a la imagen que tanto veneró. Por ese amor y cercanía, la Hermandad lo nombró Hermano de Honor y Perpetuo, y aquel día Cáceres vivió un momento especialmente solemne y emotivo.




