Miguel Muñoz de San Pedro. IX Conde de Canilleros

Fondo fotográfico: Miguel Muñoz de San Pedro

Don Miguel Muñoz de San Pedro Higuero Torres Cabrera Cotrina, IX conde de Canilleros, III conde de San Miguel, V Vizconde de Torre Hidalgo y V Baron de Campo de Aguilas. Poeta, comediógrafo e historiador.

Miguel Muñoz de San Pedro e Higuero, IX conde de Canilleros

Miguel Muñoz de San Pedro e Higuero, IX conde de Canilleros, fue una de las figuras culturales más destacadas de la Extremadura del siglo XX. Hijo de Beatriz Higuero Cotrina y de García Muñoz de San Pedro y Torres Cabrera, VIII conde de Canilleros, cursó estudios de Derecho y Magisterio, aunque nunca llegó a ejercer profesionalmente. Desde muy joven mostró una clara vocación literaria, que ya se manifestó en 1922 como redactor jefe de la revista Juventud Católica, donde desarrolló una intensa labor periodística y literaria, firmando incluso con distintos seudónimos cuando era necesario completar la publicación.

Su trayectoria se orientó pronto hacia tres grandes campos: la poesía, la historia y el teatro. En 1923 estrenó su primera comedia y publicó su primer libro de versos, dentro de una estética influida por el modernismo, aunque algunos rasgos de su producción posterior conectan también con la sensibilidad de los autores de la generación del 27. Con el tiempo, su labor investigadora y divulgativa se convirtió en uno de los principales ejes de su obra, especialmente a partir de 1946, cuando publicó una de sus obras más relevantes, la biografía de Diego García de Paredes.

Desde entonces desarrolló una intensa actividad como escritor e investigador, colaborando en la revista Alcántara y en numerosos medios regionales y nacionales. Publicó libros, monografías y artículos centrados sobre todo en la historia, el arte y las figuras ilustres de Extremadura, así como en la proyección americana de la región. Entre sus títulos más conocidos figuran La antihistoria extremeña, La ciudad de Cáceres. Estampas de medio siglo de pequeña historia y, sobre todo, Extremadura, la tierra en la que nacían los dioses (1961), considerada una de sus obras más notables.

Junto a su faceta literaria e historiográfica, destacó también por su firme compromiso con la defensa del patrimonio histórico y artístico. Promovió en 1949 el expediente que condujo a la declaración de la ciudad antigua de Cáceres como monumento nacional, e impulsó igualmente la protección de la cueva de Maltravieso, que obtuvo una declaración similar en 1964. Fue además un activo animador de la vida cultural, fundador de tertulias en Madrid y Cáceres, e impulsor de congresos y estudios dedicados a Extremadura.

A lo largo de su vida recibió numerosos reconocimientos y desempeñó cargos de gran relevancia cultural e institucional: fue académico correspondiente de la Real Academia de la Historia, académico en Extremadura de la Real Academia Española, director del Museo Provincial Arqueológico y de Bellas Artes de Cáceres, comisario provincial de Excavaciones, presidente de la Comisión Provincial de Monumentos, delegado provincial de Bellas Artes y cronista oficial de la ciudad de Cáceres. Su figura quedó así unida de forma decisiva a la literatura, la historia y la defensa del patrimonio extremeño.