Antigua ermita de San Ildefonso

Gracias al fotógrafo y diseñador Boni Sánchez y a su mujer, Béa Galia, los ciudadanos de Cáceres pueden volver a ver el interior de la antigua ermita de San Ildefonso, situada en el número 7 de la calle San Ildefonso, a mitad de camino en la cuesta que une la rotonda del puente de San Francisco con la plaza de Santa Clara, cerca de una de las entradas a la Ciudad Monumental.
El estudioso Alonso Corrales Gaitán indica que esta ermita se construyó en el siglo XVI y que “desaparece en el siglo XIX”, al perder su función original. Señala también que contaba con un solo altar y una imagen muy pobre del santo, San Ildefonso, obispo de Toledo (nacido en 607 y fallecido aproximadamente en 667).
La historia del templo se remonta a su fundación por un miembro de la familia Conejero, tal como recoge Boxoyo (1794: 39r, nº 102), y ya aparece citada a finales del siglo XVI. Además, T. Pulido documenta que en 1585 la Cofradía de San Ildefonso, junto a las de San Blas y Santiago del Campo, percibían una renta de censo sobre una huerta situada “en la Ribera al Quarto de Arriba”, con referencias de lindes y propiedades colindantes (Pulido, 1991). Hacia 1760, J. Rodríguez de Molina la describe de forma clara: “San Ildefonso, capilla destinada a la orden tercera” (Sanguino, 1908), confirmando su vínculo con la Venerable Orden Tercera.
Aunque en el altar se veneraba esa imagen modesta de San Ildefonso, la ermita entró en decadencia cuando el párroco de San Mateo la privó de los bienes necesarios para sostener el culto. Por ello, a finales del siglo XVIII tuvieron que hacerse cargo del edificio los frailes del cercano convento de San Francisco, donde era habitual que realizasen sus ejercicios espirituales.
Ya en etapas posteriores, los franciscanos mantuvieron su relación con la ermita y, por su proximidad a la ermita de las Candelas y a la parroquia de San Mateo, el edificio también se utilizó para guardar imágenes vinculadas a distintas cofradías penitenciales. Con el tiempo, y tras los cambios de propiedad y uso, el antiguo espacio religioso acabó reconvertido para otros fines.
AUTOR: Serafín Martín Nieto
La vocación de Serafín Martín Nieto a la fotográfica comenzó en la adolescencia, cuando hacía fotos con una Kodak Instamatic y más tarde aprendió a revelar en blanco y negro en Béziers.


