Zapatería "Calzados Martín"







Calzados Martín: historia de una familia en la calle Pintores
Alfredo Martín González nacido en 1914, llega a Cáceres en plena Guerra Civil, para trabajar junto a su hermano Valeriano en un puesto de chacina del antiguo Mercado de Abastos.
En los años cuarenta, se queda con el traspaso de un local en el número 25 de la calle Pintores, que había sido una papelería. Poco después, en 1945, adquiere el local lindante, que había sido una tienda de calzado, Las Tres BBB, los une interiormente, ya que eran independientes, se olvida de la chacina y abre Calzados Martín.
La zapatería funcionaba muy bien, con varios empleados, cuando Alfredo fallece en 1952 a la temprana edad de treinta y ocho años y se tiene que hacer cargo del negocio su viuda, Josefa López ayudada por el encargado, José Paniagua, que tiempo más tarde, se instalaría por su cuenta, abriendo Calzados Marta en la cercana calle Moret. Por entonces tenían como vecinos a ambos lados a Foto Javier por debajo y la farmacia de Boaciñas justo por encima.
Los hijos Alfredo y Antonio se incorporan al negocio y en 1955 su madre se queda con el traspaso de Confecciones Lys, en el número 41 de la misma calle, arriba del todo de Pintores, dando a San Juan, donde antes había estado la librería El Noticiero. Por debajo lindaba con una oficina de la Caja de Ahorros de Cáceres. Allí abre una nueva zapatería. Poco más de un año después, los hermanos se reparten el negocio familiar.
Antonio se queda con la tienda original, trabajando junto a Paco Lara, que era el encargado. Encima de la zapatería, en la primera planta, estaba el almacén de un edificio que terminó comprando y que en la actualidad ocupa una Farmacia.
Alfredo, aunque nació en Guijuelo, Salamanca, en 1935, se siente tan cacereño como el que más. Estuvo al frente de la zapatería de arriba de Pintores, casi cuarenta y cinco años, hasta que se jubiló con sesenta y cinco. Guarda muy buenos recuerdos de un negocio que hasta finales de los años 80 funcionó muy bien, tuvo que coger un almacén en una primera planta de un edificio de la calle San Pedro.
En los años sesenta y setenta, aparte de tener junto a él a cuatro empleados trabajando en el local, tenía un chaval que repartía el calzado a domicilio. Era frecuente que muchas personas entraran a probarse el calzado y tras elegir el preferido, lo apartaban para que más tarde se lo acercaran a su propia casa.
Tenía mucha clientela fija, mucho matrimonio y familias enteras, también clientes que llegaban de los pueblos al comienzo de cada temporada para cargar con el calzado propio. Recuerda unos años que en los que vendían mucho boto campero, además de las marcas clásicas como Martinelli o Lotusse.
Cuando llega la hora de la jubilación le deja el negocio a su hija mayor, pero los mejores años de la zapatería ya habían pasado y lo traspasa para que monten Carlo´s Joyero.
Alfredo echa de menos el Cáceres familiar, en el que se vivía bien, con la calle Pintores viva, llena de comercios funcionando. Hace ya más de veinte años que se jubiló.
Antonio García recoge en sus libros una crónica fundamental de la vida cotidiana, los barrios y los comercios de Cáceres.


